Que el inglés es, hoy en día, el principal idioma del mundo es una evidencia que nadie cuestiona. Es cierto que hay otros —como el chino, el árabe o el español— que siguen su estela y gozan de un auge notable, pero ninguno puede compararse a la preponderancia y jerarquía mundiales del idioma británico.

Cada vez más personas en los cinco continentes aprenden inglés y lo utilizan con mayor frecuencia. La cuestión que nos planteamos hoy es, precisamente, cómo se ha llegado a esta situación incontestable. Es decir, por qué el inglés es el idioma más hablado del planeta. Porque, en la actualidad, junto a los 400 millones de hablantes nativos existen unos 1800 millones de personas que lo hablan y/o comprenden. O sea, más de una de cada cuatro personas. Y sin embargo, hace unos quinientos años, apenas lo empleaban entre 5 y 7 millones de personas.
Teniendo en cuenta que no solo es, sin discusión, el idioma de los negocios internacionales, sino también el de la ciencia y la tecnología, está claro que algo ha sucedido para motivar esta irrupción tan veloz, expansiva y consistente en la mayor parte del mundo.

Hay quienes apelan a la estructura de este idioma, su facilidad de aprendizaje, su flexibilidad, su capacidad evolutiva y su relación con otras lenguas —como las germánicas y las romances, por ejemplo— para justificar este boom. Pero un análisis histórico de otros idiomas que dominaron el mundo, como fue el latín, demuestran que estos factores son circunstanciales: pueden ayudar, pero no determinar estos fenómenos idiomáticos.

El Imperio británico fue el primero que se encargó de difundir esta lengua a sus distintas colonias, desde Estados Unidos hasta Australia, pasando por la India. Sin embargo, el inglés jamás fue el primer idioma del colonialismo europeo, ya que el holandés y el portugués fueron pioneros en salir de Europa, y el español en llegar a América. Además, hasta el siglo XIX el primer idioma de la comunicación internacional era el francés, de ahí procede la expresión «lengua franca».

¿Qué ocurrió después para que el inglés alcanzara su liderazgo mundial? La explicación se sitúa, ya, en el siglo XX, durante los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial, en el periodo de reconstrucción europea. Fue en esta época cuando Estados Unidos se convirtió en la mayor potencia mundial y llevó a cabo una impresionante expansión comercial. Las empresas norteamericanas actuaron como correas de transmisión de su idioma en todo el mundo, hasta convertirlo en la lengua principal de los negocios y mercados.

En paralelo, a través del cine, la televisión y la música, Estados Unidos se convirtió en un referente cultural mundial. Tras la devastación de la guerra, el optimismo, la alegría, la confianza y la ruptura inundaron —en inglés— los hogares y las discotecas de casi todo el planeta. Los Beatles, los Rolling Stones, Pink Floyd, Queen o The Police, por citar algunas de las bandas principales, enamoraron, hicieron bailar e invitaron a soñar en este idioma, algo a lo que también contribuyó muy positivamente la meca del cine: Hollywood, con sus estrellas, celebridades e historias impactantes, así como la irrupción de contraculturas que se internacionalizaron, entre ellas el movimiento hippie o el punk.

Todavía hoy, los principales documentales (National Geographic y Discovery Max, por ejemplo), series, películas y programas de televisión se graban y emiten en esta lengua. Top Gear, el programa audiovisual más visto del mundo —centrado en los vehículos de motor—, también.
El nacimiento de internet y las nuevas tecnologías, asimismo, ha contribuido a generalizar el uso del inglés, que es utilizado entre los programadores y, por ello, ha encontrado un nuevo canal de colonización idiomática, que más allá del ámbito técnico se extiende también al uso cotidiano.

Por último, la gran capacidad de cambio y adaptación permanente de este idioma está colaborando, a su vez, a esta expansión lingüística que, según parece, le permitirá mantener su liderazgo durante mucho, mucho tiempo.

En consecuencia, aprender inglés sigue siendo un atributo diferenciador y una ventaja competitiva para cualquiera.