Con el inglés pasa como con el español: sus comunidades hablantes han introducido numerosos matices de pronunciación, vocabulario, gramática y usos específicos a lo largo de la historia. Si bien es cierto que el inglés del Reino Unido y el de los Estados Unidos no son idénticos, no lo es menos que entre ellos suelen entenderse bien. En este sentido —gracias a la influencia internacional del cine de Hollywood, las series de televisión y la música norteamericana—, los británicos están más acostumbrados a entender a los estadounidenses que a la inversa, siendo estos últimos los que en ocasiones tienen problemas para comprender a un hablante del inglés británico puro.

Partimos de una idea clara: al estudiante foráneo del inglés le resulta conveniente contar con profesores nativos de diferentes procedencias durante su aprendizaje, lo cual le permite familiarizarse mejor con los diferentes acentos y hablas del idioma. Pero, ¿cuáles son las principales diferencias entre el inglés británico y el americano? En general, los norteamericanos tienden a simplificar la pronunciación y el deletreo de las palabras. En EE. UU. el sonido de la erre se pronuncia casi siempre en cualquier parte de la palabra, lo cual no suele suceder en los dialectos británicos (así, la erre final de car casi nunca se pronuncia). Otro ejemplo clarificador es butter (mantequilla), que siempre acaba en sonido erre en Norteamérica y, sin embargo, en los usos británicos suele terminar en /uh/. Asimismo, en las palabras de origen francés los americanos suelen eliminar las letras «que no son necesarias», pronunciando color (en vez de colour), center (centre), meter (metre), honor (honour), check (cheque), analyze (analyse) y labor (labour). Por otra parte, en el inglés americano no siempre se percibe con claridad la diferencia de pronunciación entre can y can’t. Para complicarlo todo un poco más, muchos británicos tienden a comerse algunos sonidos de vocales, como la /a/ de secretary, que directamente desaparece.

A lo largo de los siglos se han producido también numerosos desencuentros entre los usos gramaticales de una y otra habla. Así, por ejemplo, los sustantivos de grupo como team y squad pueden emplearse tanto en singular como en plural en el inglés británico, mientras que en el americano son siempre singulares. El subjuntivo se usa muy poco en el habla británica, aunque últimamente está reapareciendo. En americano, además, get es un verbo muy utilizado, cuyo participio pasado se construye como gotten.

En cuanto al vocabulario, a veces se producen malentendidos cuando manejamos un inglés distinto al del país en el que nos encontramos. Presentamos a continuación un listado útil al respecto:

BRITÁNICO                   Concepto                       AMERICANO

Lift                                      Ascensor                         Elevator

Trousers                         Pantalones                      Pants

Lorry                                 Camión                             Truck

Petrol                               Gasolina                          Gasoline

Autumn                           Otoño                                Fall

Sweets                             Dulces                              Candy

Tap                                     Grifo                                 Faucet

Hay muchas más palabras divergentes como estas, si bien la inmersión idiomática pronto permite ir conociéndolas e incorporándolas a nuestra habla de una manera natural y progresiva. Eso sí, todos estamos expuestos a protagonizar malentendidos —divertidos o engorrosos, según las circunstancias y nuestra actitud— en determinadas ocasiones. Es lo que nos puede ocurrir, por ejemplo, si pretendemos comprar una goma de borrar en los Estados Unidos: el término empleado en Gran Bretaña, rubber, se utiliza de manera coloquial en EUA para referirse a un preservativo, siendo eraser la palabra apropiada.

Y es que los idiomas son elementos vivos, dinámicos, capaces de evolucionar en paralelo, en ocasiones, entre sus distintas comunidades idiomáticas. Pero la realidad es innegable: pese a las diferencias, si hablamos un inglés solvente podremos desenvolvernos con autonomía tanto en la comunidad británica como en la americana. Sobre todo si hemos tenido la suerte de contar con profesores nativos de diferentes procedencias.