Ha comenzado el otoño en Zaragoza y, con ello, nos hemos situado en la antesala de un par de fechas señaladas: Pilares y Halloween. Si bien es cierto que conceptual y estéticamente se trata de celebraciones muy dispares, El Pilar y la Noche de Difuntos comparten un objetivo común: disfrutar en buena compañía y pasárselo de miedo.

Las fiestas del Pilar forman parte de la cultura zaragozana y sirven para honrar a la Patrona de esta ciudad con alegría, hospitalidad y disfrute. La diversión y los actos populares inundan las calles al ritmo de la música, las viandas, los espectáculos visuales y las tradiciones compartidas. Las ofrendas de flores y frutos, la comparsa de gigantes y cabezudos, los trajes regionales, la juerga, la jota y los conciertos forman parte inseparable de estas fechas en la capital del Ebro. Este año durarán del 10 al 18 de octubre, y en WordPlay mantendremos nuestros horarios y clases habituales, a excepción del 12 de octubre.

Apenas dos semanas después llegará la noche del 31 y, con ella, una celebración menos arraigada y más controvertida que, sin embargo, se está asentando año tras año en la cultura española: Halloween.

Los disfraces, los dulces, los recorridos infantiles por los pisos y las urbanizaciones, las historias de terror, los gatos negros y las calabazas tenebrosas se están extendiendo por medio mundo desde Estados Unidos, gracias a las películas de cine y las series de televisión norteamericanas. Se trata, desde luego, de una fiesta única que fusiona diversión y temor, risas y conjoga, realidad y ficción. De hecho, pasarlo bien y un poco mal al mismo tiempo, a los niños, les encanta.

Pese a ello se oyen ciertas críticas sociales que tachan esta celebración de foránea, innecesaria y “británica”, aunque en realidad procede de EE. UU. y fueron los inmigrantes irlandeses que llegaron a este país en el siglo XIX quienes difundieron la costumbre.

La Noche de Brujas o Halloween comenzó a celebrarse hace más de 3000 años en Europa. Fueron los celtas —un pueblo guerrero que ocupó Irlanda, Inglaterra, Escocia y Francia, y que en el siglo IX llegó a España— quienes celebraban una fiesta pagana la noche del 31 de octubre para conmemorar su fin de año. Era, para ellos, una fiesta de aire en la que se realizaban sacrificios humanos y faunísticos para calmar a los espíritus, pues creían que en estas fechas la frontera entre los mundos de los vivos y los muertos se diluía, pudiendo volver estos a la Tierra. Así, se disfrazaban con cabezas y pieles de animales mientras encendían y blandían fuegos y antorchas protectoras.

Cuando el cristianismo se impuso, algunos de estos rituales pervivieron. Y en el siglo VIII la Iglesia Cristiana convirtió el 1 de noviembre en el Día de Todos los Santos, el cual rinde tributo a los santos que carecen de un día propio de celebración. Se extendió el nombre de All Hallowmas para denominar este día y, poco a poco, la noche anterior comenzó a ser llamada All Hallow Eve; es decir, la Víspera de Todos los Santos, que se contrajo con el tiempo en Halloween.

Puede afirmarse, pues, que si bien es cierto que esta celebración se popularizó mundialmente desde USA, no lo es menos que se celebraba en Europa, e incluso en España, hace muchos siglos.

Darle la vuelta a la tortilla y rodearse de brujas, fantasmas, zombis, monstruos y demonios divertidos es, desde luego, un plan familiar que puede resultar emocionante. En WordPlay aprovecharemos la efeméride para trabajar el vocabulario específico, decoraremos las clases de los niños y les ayudaremos a hacer manualidades alusivas, entre ellas, calabazas terroríficas.

Se trata, simplemente, de aprovechar la ocasión para pasarlo bien… y continuar aprendiendo con la mayor motivación.