Ninguna lengua del mundo es un idioma único. En realidad, exagerando un poco, podríamos decir que hay tantas variantes como hablantes tiene.

Resulta indiscutible que un sevillano, un vigués, un maño, un gerundés o un vallisoletano no hablan español del mismo modo. Tienen sus propios usos, giros, acentos —más o menos cerrados— y variantes, así como un vocabulario autóctono, que dificultan —o favorecen— la comprensión para los hispanohablantes poco iniciados. Ni qué decir tiene si, además, incorporamos a este análisis el español latinoamericano: mexicanos, colombianos, venezolanos, argentinos, cubanos o dominicanos hablan, en cierto modo, españoles diferentes.

El inglés y sus acentos

Esto también sucede en el caso del inglés. Por eso es importante, al elegir academia, saber qué acento(s) vamos a encontrar en ella y, en la medida de lo posible, escoger una como WordPlay, que cuenta con profesores nativos de diferentes procedencias.

¿Te parece bien si hacemos un repaso por los principales acentos del inglés? El inglés cockney, que se habla en determinados barrios obreros de Londres —sobre todo en el East End— y resulta muy característico es completamente diferente al inglés mancunian, natural de Manchester, que suele ser bastante difícil de entender.

El galés, sin embargo, se comprende mejor gracias a que sus usuarios vocalizan con esmero y hablan pausadamente. A pesar de sus ceceos frecuentes, es mucho más sencillo para los oídos no iniciados que el cerrado y profundo escocés, que cuenta con un vocabulario propio exclusivo y muchas variantes fonéticas. El irlandés, por su parte, tiende a suavizar las vocales, remarcar las consonantes y eliminar las ges finales. No obstante, se entiende mucho mejor de lo que inicialmente parece.

También el inglés americano incorpora innumerables variedades. El más habitual, llamémoslo inglés americano general, resulta más pausado y monótono que el de los británicos. El redneck, o acento sureño americano, lo complica todo muchísimo, pues resulta complejo, descuidado e informal. Así que, si viajas a Texas, tal vez prefieras comunicarte en español, si esto es posible.

El australiano, el maltés y el sudafricano son otras variantes significativas del inglés. El primero se asemeja al británico convencional, pero hablado a velocidad supersónica, acortando las palabras y terminando las frases con una entonación elevada. El inglés maltés es pausado y comprensible, a pesar de que ocasionalmente incorpora términos en italiano y maltés. Los sudafricanos también resultan crípticos: hablan muy rápido, incluyen palabras propias procedentes del afrikáans y complican bastante la compresión idiomática. Algo en lo que, el inglés jamaicano, se lleva la palma.

Sin duda, el inglés formal es el que mejor se comprende. Por desgracia, salvo en los discursos de la reina de Inglaterra, resulta muy complicado encontrarlo. Culto, pausado e impecable, se asemeja a los estándares normalizados que suelen enseñarse a los estudiantes de inglés en todo el mundo.

Y, claro, cada neohablante de este idioma —ya sea italiano, español, francés, chino o árabe, por citar cinco ejemplos— incorpora matices y usos personales a su habla del inglés. Lo bueno es que, como la mayoría de los no nativos hemos aprendido inglés formal, solemos entendernos bien entre neófitos.

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