Parece incuestionable que el inglés es, en la actualidad, el idioma más importante del mundo; aunque, en realidad, tan solo ocupa el tercer puesto en la clasificación por número de hablantes nativos: 341 millones de personas lo tienen como lengua materna, una cifra inferior a los 358 millones de personas nativas con que cuenta el español y los 1051 millones de personas del chino. Si bien es cierto que el inglés es el idioma oficial de algunos de los países más influyentes del planeta —Estados Unidos, Reino Unido, Canadá, Australia o India, entre ellos—, no lo es menos que esto no explica por sí solo el fenómeno mundial acontecido con la expansión internacional de esta lengua desde finales del siglo XIX.

A día de hoy, casi dos billones de personas en el mundo hablan inglés. Se trata del idioma dominante u oficial en 75 territorios, y es la lengua extranjera más hablada en diecinueve de los veinticinco estados miembros de la Unión Europea. Solo seis estados de la Comunidad Europea no hablan el inglés como segunda lengua: Lituania, Letonia y Estonia —cuyo idioma extranjero más popular es el ruso—, Eslovenia —donde se habla el croata— y Eslovaquia —en donde prima el checo.

En nuestros días el inglés es, sin género de dudas, el idioma de la política internacional, la diplomacia y la economía. De hecho, las mejores escuelas de negocios imparten sus enseñanzas en inglés. También es, por excelencia, el idioma de la tecnología, de Internet —donde está multiplicando su capacidad de difusión— y, cada vez más, de la cultura y la ciencia, ámbitos en los que progresivamente ha conseguido desbancar a otras lenguas como el español, el francés o el italiano, que contaban antes con una notable jerarquía. En publicidad y marketing, además, el inglés se utiliza por su capacidad seductora. Con frecuencia, las innovaciones y los atractivos comerciales se bautizan directamente en inglés con independencia de los mercados a los que se dirigen, como consecuencia de la globalización —que lleva a las compañías multinacionales a mantener de manera uniforme sus mensajes mercadológicos— y del carácter cool que esta práctica ha generado entre los públicos, quienes a menudo se sienten atraídos por esos anglicismos que destilan notoriedad, originalidad y encanto.

El inglés ha llegado a ser lo que el latín hace unos siglos. Las personas lo aprendían para salir adelante en la vida, acceder al conocimiento y contar con más oportunidades de desarrollo y realización personales. Conseguir un mejor puesto de trabajo, navegar por Internet, disfrutar más de la música, seguir antes que nadie las últimas novedades cinematográficas o televisivas, hacer negocios, conquistar nuevos mercados, movernos por el mundo con una mayor autonomía y relacionarnos con nuestros conciudadanos globales son magníficos motivos que nos estimulan a aprender inglés de la mano de profesionales nativos altamente cualificados, como es el caso de WordPlay.

El dominio del inglés se ha convertido, hoy en día, en un valor diferencial imprescindible para la competitividad profesional en casi todas las áreas de trabajo —desde la hostelería hasta el comercio internacional, pasando por la investigación científica y la creación artística—; así como una competencia personal que nos permite disfrutar todavía más de nuestro ocio, nuestros viajes y nuestras aficiones.